Prólogo

La exactitud es el vértigo
ANTONIO GAMONEDA, Lápidas (1977-1986 y 2003)

LUIS ENRIQUE DE LA VILLA GIL
Rector de la Universidad a Distancia de Madrid
Catedrático Emérito de Derecho del Trabajo y Seguridad Social

 

Desde la más remota antigüedad la enseñanza ha tenido dos problemas básicos,:atinar acerca de qué conocimientos se debían transmitir al discípulo y atinar acerca de cómo había de hacerse esa transmisión… de la sabiduría a la ignorancia. El qué de la enseñanza tuvo como fuente originaria el entorno del hombre, para buscar explicación al sentido de los fenómenos físicos y sociales más inmediatos. La ampliación del ámbito de los conocimientos condujo inexorablemente a la separación entre “especialistas” de las más diversas ciencias, técnicas y artes y “generalistas” de los amplios espacios reconducibles a la filosofía. El cómo de la enseñanza encontró su máxima expresión en el contacto directo entre el maestro y el discípulo, desarrollándose continuadamente a lo largo de veintisiete siglos y bautizada hoy como enseñanza presencial. A su lado surgió, a partir de los últimos cien años, la entonces heterodoxa enseñanza no presencial, que solemos denominar enseñanza a distancia, coexistiendo desde entonces ambas formas de enseñar, sujetas una y otra de manera progresiva a un régimen legal equivalente en las instituciones públicas y en las privadas.

Antes de la constitución del binomio maestro-discípulo, la enseñanza se obtenía de los libros de poesía, de La Iliada y La Odisea del misterioso Homero (s. IX-VIII a.C.), de Los Trabajos y los Días y la (atribuida) Teogonía de Hesiodo (s. VIII-VII a.C.). Tan grande era la reverencia a los saberes de Homero, que los atenienses no dudaron en despeñar al crítico Zoilo por su atrevimiento de descalificar algunos pasajes de las obras del divino ciego.

Fue mérito de los sofistas, a mediados del s. V a.C., la aportación a la enseñanza de la lección magistral unilateralista, técnica pronto enfrentada a la lección dialogada - y gratuita - , de Sócrates (470- 399 a .C.). Pero seguramente fue Platón (427- 322 a .C.) el primer enseñante profesional, en su Academia , seguido pronto por Aristóteles (384- 322 a .C.) en su Liceo , por Epicuro (341- 271 a .C.) en su Jardín y por el estoico Zenón de Citio (336- 263 a .C.) en su Pórtico . Todos ellos - cuyas Escuelas obtenían sus nombres de los lugares o parajes en los que estaban instaladas - enseñaban sustentando sus ideas en la grandiosidad de creadores que les adornaba. Con el paso de los siglos se hizo visible la insuficiencia de que los conocimientos girara en torno a la genialidad individual de los maestros, abriéndose camino, en dos pasos sucesivos, la preocupación científica al lado de la docente. Primero , con el inglés Francis Bacon (1561-1626), mediante la observación ingenua de las cosas (“experiencias” e inducción de los datos recopilados) y luego, con el italiano Galileo Galilei (1564-1642), a través de la observación esencial , (“experimentos” y formulación de hipótesis y deducciones). Y de ahí hasta ahora mismo, en un proceso fantástico en su progresión y mal que bien conocido en sus momentos referenciales.

Nadie podrá decir que, pese al sólido poso que arrastra, la enseñanza presencial, o cara a cara, haya dejado de tener serios problemas. Muy al contrario, y más que en ningún otro nivel en el de la enseñanza superior, rige una norma de “innovación constante” que aspira, sin conseguirlo con claridad, a mejorar los modos pretéritos de enseñar, test que debe superar ahora la Unión Europea saliendo del periodo de incertidumbre en el que se encuentra, aparentemente justificado por la exigencia de uniformidad.

La enseñanza no presencial, por su lado, sigue una senda ascendente y sus posibilidades no son predecibles con facilidad. Oportuno será recordar, siquiera brevemente, las tres fases que ha conocido esta modalidad de enseñanza hasta hoy mismo, y que, en buena medida, se superponen y conviven felizmente aunque con explicable protagonismo de la más reciente, pues en verdad nunca la fase posterior ha anulado a la fase precedente. En el punto de partida está la enseñanza por correspondencia postal y como punto de llegada la telemática, algunas de cuyas riquísimas prácticas y modulaciones se presentan en este libro; en el medio queda, de muy buen ver todavía, la enseñanza audiovisual. Con todo, lo característico de estas fases sucesivas es que ninguna de las tres ha girado en torno a un único medio, técnica o tecnología, sino que dentro de cada una de ellas se han ido sucediendo dispositivos progresivamente más eficaces para conseguir el fin al que se destinaron; y también que ninguna puede mirarse a sí misma como la estación termini del recorrido, pues cuando menos se espera aparece una sensacional sorpresa más, cual la de la “morfomática” [Ian Stewart, Life's other secret . Nueva York (Wiley), 1998; ed. Crítica, 1999], o rama de la ciencia que aspira a conjugar la matemática, la física y la biología para desvelar las pautas científicas del mundo y la forma en que se inició la vida. Pero volvamos a las tres fases en las que ahora debemos fijar la atención:

a) La primera fase es la enseñanza postal , que fue, como casi todo lo que merece la pena, una aventura feliz de emprendedores imaginativos, en este caso vinculados a la Gaceta de Boston cuando, a principios del siglo XVIII, ofrecían material autoinstructivo para el aprendizaje de la mecanografía, con posibilidad de consultas postales. Los servicios de correos, mejorando escalonadamente el penny post de 1680, avalaban este tipo de enseñanza con entregas seguras y en plazo conocido, Pero a partir de los inventos revolucionarios del telégrafo (Morse, 1844), del teléfono (Bell, 1876), de la radio (Marconi, 1894) y de las televisiones mecánica (Baird, 1929) y electrónica (Zworikyn, 1931, generalizada a partir de 1935), estos cuatro dispositivos prestarían un apoyo fundamental para la más fluida comunicación con los alumnos, incorporando además imágenes a la metodología didáctica.

Lo cierto es que en España las primeras manifestaciones contrastadas de enseñanza postal se retrasaron bastantes años más, pero se sabe que en 1903 funcionaron unas llamadas Escuelas Libres de Ingenieros y que en 1947 un centro de enseñanza privada iniciaría, bajo el acrónimo CEAC, un largo recorrido que no se ha agotado aún.

Toda esta experiencia acumulada tenía que proyectarse, antes o después, a las Universidades y, efectivamente, en el año 1971, surge la Open University , aprovechando una brillante iniciativa del premier Harold Wilson -quien había aludido líricamente a la universidad del aire -, cuya relevancia universal está fuera de toda duda y su significación para España es aún más notoria, puesto que sólo un año después del inicio de sus actividades se pone en marcha aquí, a su imagen y semejanza, la que enseguida consolidaría la marca de Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), representando un segundo modelo a nivel internacional. Unos pocos años más tarde (1976) se crea en Phoenix (Arizona) la Universidad privada más grande del mundo, récord que conserva en la actualidad, basando su prestigio en cursos extendidos por todo el orbe, como los MBA on-line . La confrontación universitaria entre la physical y la virtual mobility está así servida y la elección entre ellas dependerá sólo de la necesidad o del gusto del usuario.

b) La segunda es la fase de enseñanza audiovisual , relativamente corta en su imperio aunque no en su utilización, del todo vigente en estos días. Con la simple aproximación que impone este Prólogo , cabría decir que ocupa dos décadas, la de los años sesenta y la de los años setenta. Esta veintena es pródiga en invenciones de grabación para escuchar (audio) y para ver (vídeo), como acredita un breve recordatorio cronológico. La grabación en cinta magnética se logra primero en carrete y desde 1963 en el funcional cassette , pero para entonces se conocen ya los prototipos de vídeo de Ampex [VR-1000 (1956), VR-3000 (1967) y ACR-25 (1970)], desplazados domésticamente por los dispositivos de vídeo en los sistemas Beta de Sony (1976) y V2000 de Philips (1978), hasta su derrota por el VHS y el VHS-S de JVC, de normal utilización todavía. Culmina el proceso innovador la aparición del teléfono celular o móvil (Cooper, 1973), compañero inescindible de cualquier ciudadano que se precie - desde la princesa altiva, a la que pesca en ruin barca , si nos atrevemos a decirlo con palabras del Tenorio y en femenino, a la moda de los aires que corren -, instrumento proyectado al futuro como pocos otros puedan serlo en el campo de la enseñanza a distancia.

El aprovechamiento de estas nuevas tecnologías, unido a la potenciación de la radio y la televisión, es intenso en nuestro país a partir de 1962, año en el que se crea el Bachillerato Radiofónico, el Centro Nacional de Enseñanza Media por Radio y Televisión en 1963 y el Instituto Nacional de Enseñanza Media a Distancia (INEMAD) en 1968, objeto de reformas a partir de 1975, con la creación del Instituto Nacional de Bachillerato a Distancia (INBAD) y en 1979 con la creación del Centro Nacional de Educación a Distancia (CENEBAD). Entre medias de los dos últimos, se constituyó en 1977 la Asociación Nacional de Centros de Enseñanza a Distancia (ANCED), que celebra este año su 30. º aniversario y ha optado por la edición del presente libro como uno de los actos conmemorativos.

c) La tercera es la fase de enseñanza telemática , o sea, la combinación de las telecomunicaciones y de la informática en torno a las computadoras, elemento imprescindible no ya en la actividad científica sino en el hacer cotidiano. Cómo iban a suponer los precursores de las computadoras digitales, los matemáticos Charles Babbage (1791-1871) y Augusta Ada Byron (1815-1852) que estaban poniendo la primera piedra de un mundo nuevo. Esta segunda, dicho sea de paso, era hija de George Gordon Byron (1788-1824), más conocido como Lord Byron, activista, dandi y poeta romántico al mismo tiempo, un encantador del género humano que, con escasos medios de comunicación social y sin marketing , vendió 18.000 ejemplares de su poemario autobiográfico Childe Harold ( 1812 a 1818) en un solo día (¡!). Luego, los ordenadores analógicos aparecen a principios del XIX y los electrónicos, deudores del Colossus (1942) y del Eniac (1945), inmediatamente después, en sucesivas generaciones, hasta arribar a las “supercomputadoras creativas y moleculares”. Pero sin desconocer las valiosas aplicaciones, fundamentalmente militares, de estos colosales inventos; necesario es relativizar su impacto inicial en el mundo de la educación.

Ha sido en realidad en fechas muy cercanas cuando la popularización del PC ha jugado como poderoso factor de transformación social, en cuanto a los modos y a las posibilidades de trabajar y de comunicarse interactivamente, con inmediatas aplicaciones a la enseñanza en todas sus formas, exigiendo un espacio propio la enseñanza asistida por ordenador (EAO). Por otro lado, cada uno de los elementos que se han ido asociando al empleo del PC ha multiplicado hasta extremos insospechados sus posibilidades de todo orden, tanto en los programas, redes, protocolos y lenguajes, cuanto en los soportes de grabación [disquetes (finales de los 70), CD-DA (1980), CD-Rom (1984), CD-R (1990), DVD (1996), DVD-Rom (1998)], en tan meteórica dinámica que deja obsoleta cualquier tecnología de más de tres años. Dígase, por ejemplo, que aunque un DVD puede contener la información de 27 CDs y de unos 12.000 disquetes, cualquier experto estará ya dispuesto a certificar su condena a muerte. La vulgarización del correo electrónico en los cinco últimos años (pese a su iniciación en el bienio 1971-1972) y la creación de la red pública planetaria World Wide Web (Internet) en 1990, con la incorporación del navegador Mosaic en 1993, están produciendo no sólo la paulatina transformación de la sociedad sino en no pocos aspectos la manera personal y familiar de convivir con los demás.

En España, la utilización de la enseñanza no presencial se fortalece con la creación del Centro para la Innovación y Desarrollo de la Educación a Distancia (CIDEAD) en 1992 y, sobre todo, con la iniciativa privada que conduce a la constitución, en 1994, de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), científicamente ambiciosa y respaldada por su espléndida ejecutoria; conociendo el año 2006 el nacimiento de la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA), un ilusionante proyecto que está empezando a convertirse en una sólida realidad.

Este libro que tengo el honor de prologar no sería lo que es si un grupo entusiasta y vocacional, encabezado por Roque de las Heras Miguel, no hubiera decidido volcar su ya amplia experiencia en la enseñanza a distancia, conseguida en los treinta años de vida del Centro de Estudios Financieros (CEF), en la creación y puesta en funcionamiento de la UDIMA, nacida para liderar la utilización de los servicios y herramientas TIC en sus tareas de gestión (mantenimiento y atención del alumnado), formación (teleducación, comunicación, trabajo colaborativo…) y docencia e investigación (aulas de informática, correo electrónico corporativo, soportes TIC a los investigadores, acceso a software científico, repositorios digitales, laboratorio open …).

En estos días, el qué de la enseñanza universitaria tiene angostos márgenes discrecionales en la fase de grado o licenciatura, habida cuenta del fortísimo intervencionismo administrativo que se manifiesta doblemente en cada Estado nacional y en la organización supranacional que forman aquéllos conjuntamente, veintisiete ya pero mañana cerca del doble. El conocido como espacio europeo de enseñanza superior (EEES) condiciona las iniciativas de todas las Universidades, tanto públicas como privadas, sacrificando la riqueza propia de la pluralidad a la unidad y la fantasía de la diversidad a la uniformidad. La libre circulación de personas, más que la calidad de la enseñanza, se convierte en el primer condicionante de este empeño igualitario, puesto que sin él la misma cohesión de esos todavía lejanos Estados Unidos de Europa, hacia los que se encamina la Unión Europea , deviene irrealizable. Otra cosa es la etapa de postgrado, en la que, bajo el respeto a unas reglas mínimas de organización, la pluralidad y la diversidad se erigen en las verdaderas claves para asegurar el éxito de los incontables másteres y doctorados que la iniciativa y la imaginación de las Universidades sea capaz de poner en práctica. De ese modo, la UDIMA afronta el reto de ser tan buena como cualquier otra Universidad del ámbito comunitario en el grado y en el doctorado, pero procura a la vez convertirse en ariete de la enseñanza de perfeccionamiento profesional, volcando en ella la rica cosecha que han recolectado sus promotores con decenas de miles de alumnos a lo largo de tres décadas.

Pasando al cómo de la enseñanza, la naturaleza “a distancia” de la UDIMA convierte en una sola opción el modo de enseñar. Es aquí, por tanto, donde las TIC encuentran protagonismo a la hora de conseguir los objetivos que las justifican y las ascienden a presupuesto de validez. Son tales objetivos los de adoptar los métodos del e-learning como prioridad inexcusable, para aplicarlos a contenidos científicos cuidadosamente seleccionados, con el compromiso ético de respetar los derechos y la intimidad de los terceros, repudiando los excesos del tecnocentrismo y del infocentrismo, que pecan de olvidar que el hombre no puede ser pospuesto ni por la tecnología ni por la información.

Tampoco los métodos de e-learning, ni cualesquiera otros, pueden convertirse nunca en un fin en sí mismo considerado. Inspirados en el asombroso desarrollo de la telemática son, per se , productos de las ciencias aplicadas, carentes de objeto y aún de sentido si ignoran su naturaleza perfectamente instrumental. La enseñanza “para siempre” sólo expresa su extraordinaria potencialidad si referida a contenidos igualmente destacados por su calidad. Los métodos electrónicos aportan la memoria infinita, colocada simultáneamente en el universo todo, pero no contribuyen necesariamente al triunfo de la imaginación y de la fantasía, de las que no puede separarse ni el docente ni el investigador, elevadas una y otra a fuente emanadora y meta ideal.

La UDIMA no ha nacido para perturbar a las demás instituciones de enseñanza superior sino para hermanarse electrónicamente con ellas, porque estamos ante un nuevo existencialismo que nos invita a pensar, con Edgard O. Wilson [ Consilience. The Unity of Knowledge . Nueva Cork (Little Brown), 1998; ed. Círculo de Lectores. Galaxia Gutenberg, 1999], que sólo el aprendizaje unificado y compartido universalmente hará posibles las previsiones rigurosas y las sabias decisiones. En sus Normas de Organización y Funcionamiento se ha comprometido la UDIMA a contribuir, con los recursos a su alcance, a la construcción de una sociedad más justa, solidaria, pacífica y democrática, priorizando el desarrollo de la dignidad humana y la implantación de la igualdad efectiva entre mujeres y hombres, particularmente a través de la repulsa de todas las discriminaciones por razón de sexo. Sabemos que nuestros destinatarios naturales serán aquellas personas que por motivos de actividad profesional, ubicación territorial, edad, enfermedad, discapacidad, ausencia de libertad, etc., tengan dificultades para seguir estudios universitarios en los centros de enseñanza presencial, y sería imperdonable defraudarlos. Pero es un fin inabdicable, al que no se debe renunciar a medio plazo, el de convertir esta Universidad en un centro competitivo con cualquier otro centro de enseñanza superior en España y en el extranjero y, sobre todo, en los países de la Unión Europea.

A tal propósito no vamos a regatear esfuerzos para aplicar la última palabra de las TIC a la enseñanza a distancia, pero cultivando a la vez la capacidad de seducir con los contenidos, pues no todo lo que cobijan aquellas tecnologías merece la pena de la misma manera. Se podría emplear el método más sofisticado de grabación, en un estudio de ensueño, de dos óperas de Mozart, a cargo de la misma orquesta y director, con sonoridad final maravillosa en ambos casos. Pero Bastian Bastiana (K. 50), por ejemplo, no pasaría de ser una fruslería, en tanto que Die Zauberflöte (K. 620), por ejemplo, parecería una vez más la obra de un ángel.

Las buenas prácticas que este excelente libro recopila se han de justificar así desde la consistencia de los contenidos a los que sirven, para que no puedan compararse a un tren de altísima velocidad que no consiguiera ir a ninguna parte. Como Rector de esta jovencísima Universidad pretendo que los alumnos encuentren en ella toda la seriedad, el rigor y la solvencia que son presupuesto de la vida universitaria, ofreciéndoles, a la vez, día a día, antes y después del grado, el vehículo capaz de enseñarles, no de modo fácil, pero sí de modo cómodo y eficaz.